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Escritor chileno, destaca por su
poesía que ha traspasado fronteras. Sus poemas se han leído por toda
América y Europa. En su poesía el tema principal es el amor y las
reflexiones filosóficas. Ha recibido varios premios a lo largo de su
carrera entre ellos el Premio Cervantes 2003.
Biografía
Cronología
Obra
Poemas
Prensa

BIOGRAFÍA
Nació en Lebú en Chile, el 20 de diciembre del año 1917.
En 1926 se
trasladó a Concepción donde cursó sus estudios. Posteriormente se
matricula en la Universidad de Derecho en Chile, carrera que abandonó
para estudiar
literatura en el Instituto Pedagógico. Fue profesor de literatura en la
Universidad de Concepción y también ejerció de profesor en EEUU,
Alemania y Venezuela.
En 1936 fundó la revista "Letras" donde publicó su ensayo "Los 30 años
de Pablo Neruda". Durante los años 1938 y 1941 participa en el grupo
surrealista Mandrágora. En 1948 escribió su primera obra "La miseria del
hombre". Después en 1955
dirigió la primera escuela de verano de la Universidad de la Concepción.
En 1958 organizó un congreso de escritores en Concepción y también
obtuvo el concurso de la Beca de la UNESCO para escritores.
Cuando se produce el golpe militar en Chile, Gonzalo Rojas estaba en
Cuba trabajando en La Habana como encargado de negocios. No puede volver
a Chile ya que debido al golpe de estado es un exiliado político, en ese
periodo es cuando trabaja
en Alemania y Venezuela .

Su tercer libro de poemas "Oscuro" se publica en 1977 y a partir de ahí
su éxito es inminente, su obra es aplaudida a nivel internacional,
empieza a dar conferencias por diferentes países y sus poemas son
alabados por la crítica internacional.
Gonzalo Rojas regresa a Chile en 1979, aunque no puede impartir clases
en la Universidad, establece su lugar de residencia en Chillán al sur de
Chile.
En 1965 se le concede el Premio Atena. En 1992 recibe el premio Reina
Sofía de Poesía Iberoamericana, ese mismo año recibe en Chile el Premio
Nacional de Literatura y en el año 2003 se le concede el Premio
Cervantes.
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Cronología
1927
En el internado tiene como profesor a un cura alemán, Guillermo Jünemann
Beckschäfer, que sabía griego, latín, sánscrito, arameo y enseñaba
español. "Con él aprendí a leer por dentro a los clásicos, y no es raro
que más tarde recibiera por una oreja toda la vivacidad de la vanguardia
y el juego de rupturas, pero por la otra oreja recibía también todo el
ejercicio y el poderío de la tradición. Entonces, en la punta de mi
cabeza de muchacho, estas dos confluían y se daban en una síntesis que
será el centro de mi trabajo poético" (Zerán, 1992:28).
1928
Recordando la niñez de ese plazo es que, años después, escribe "Orompello"
¿Qué es Orompello? Apenas el nombre de una calle de Concepción que a su
vez recuerda otro nombre: el de una heroína registrada en La Araucana de
Ercilla. Calle residencial y apacible hasta un límite, y más allá de él
noctámbula y lujurioso desde los primeros tiempos de la metrópoli. Justo
en el cruce alquiló la madre una casa que fue morada y a la vez albergue
para estudiantes universitarios, pues del excedentes escaso, producto de
esas rentas de hospedaje mensual, había que proveerlo todo. Dignidad y
pobreza; pobreza acomodada, que es la pobreza más pobreza de todas las
pobrezas. Allí vivió el muchacho. Allí soñó, padeció la aspereza en
profundidad" (Hilda May:59-60).
1929
Continúa en el Internado de
Concepción. "Yo era becado, pero para poder conservar la beca año a año,
tenía que ser el mejor estudiante. Eso me creo no un proyecto de
ventajismo, pero sí un ritmo de disciplina: ser el mejor estudiante, el
mejor posible" (Piña:95).
1930
Por esos años (1927-1934), el "período larvario" del que él mismo ha
hablado, lee infatigablemente en la biblioteca del Internado: a los
clásicos -Séneca, Marco Aurelio, Agustín de Hipona-, a los franceses de
los siglos XVIII y XIX, a los españoles del Siglo de Oro -"se detuvo
largamente en Gracián, en el que el aprendiz descubrió la elipsis, la
antítesis, la paradoja, el epíteto exacto" (Hilda May:85)-, y hace sus
primeros escarceos en los fundadores de la lírica de la modernidad, en
especial Rimbaud y Baudelaire. Son los suyos estudios sistemáticos y
profundizados, en el encierro casi claustral del internado.
1933
"A los catorce o quince años yo escribía líneas, líneas que no se
desarrollaban por entero. Eran especies de gérmenes de pensamiento que
anotaban en unos papelitos, en unas libretitas y que a veces
desarrollaba. Ya los 16 años me atrevería a decir que era capaz de
componer, en el sentido de armar una composición, de armar una
construcción poética" (Piña:97).
1934
Faltándole aún dos años para
terminar la educación secundaria -habiéndole sido todo triunfo hasta ese
momento-, siente que debe dar un salto, ser otro, siendo él mismo. "La
madre vio en esto lo contradictorio de su persona y, con su entereza
habitual, lo dejó elegir. Era 1934. Por esos días conoció a algunos
jóvenes mayores que él, buenos lectores y bien disciplinados,
especialmente en la línea de la poesía francesa (...). Al término de ese
año, después de algunos diálogos con la madre y de acuerdo con unos
hermanos de su padre que vivían en el extremos norte del país, decidió
una nueva mudanza y se marchó de Concepción a Iquique" (Hilda May:95).
Se embarca en Talcahuano, en el "Fresia", de la Sudamericana de Vapores,
con boletos de tercera clase y recorre una buena parte del litoral de
Chile, andando primero en Valparaíso y luego en Coquimbo. En Valparaíso,
en la vieja librería "La Joya Literaria" de calle Condell, compra el
Retrato de un artista adolescente, de Joyce, en la traducción de Dámaso
Alonso para la editorial Osiris, de Santiago. "De vuelta en el barco, en
la semisoledad y desamparo de sus 16 años, descubrió que en ese libro
estaba su propia vida" (Eugenio Rodríguez 1992:2). El mismo cuenta:
"Leía mucho y quería vivir y desesperezarme. Escribía por gozo,
desperezándome como, un animal nuevo. Así fue como anclé en Iquique,
después de volver del Perú" (id). Allí se reincorpora a los estudios de
secundaria. Se relaciona con los mineros del salitre; por ellos se
informa del legendario Recabarren. Sus lecturas las incrementa con
Maiakovski, Esenin y una vuelta, más lúcida, a Pezoa Véliz y Baldomero
Lillo. Agrega a los poetas españoles del 27, publicados en El Sol y en
la Revista de Occidente, que llegaban a la Biblioteca "Cervantes" de
Iquique.
1953
Va a Europa por primera vez. Conoce a André Bretón. "Me pareció como que
estaba reconociendo a alguien con el cual había dialogado mucho, por que
el pensamiento de Bretón es un pensamiento riquísimo que nos había
aumentado a nosotros cuando éramos muchachos. Así mismo hablé largo ese
febrero con Benjamín Peret, el más genuino de los poetas del gran grupo
surrealista" (Ortiz, 1987:17-18).
1955
Organiza y dirige la "Primera
Escuela de Verano" de la Universidad de Concepción, bajo la rectoría de
D. Enrique Molina. "En la perspectiva de lo que había venido haciendo la
Universidad de Chile, desde 1936, la Universidad de Concepción iniciaba
estas actividades con el propósito de extender la labor universitaria
tanto hacia públicos especializados como hacia públicos más vastos que
se interesarán por recibir lecciones, síntesis sobre los grandes
problemas culturales de la actualidad. Estaba presente el interés de
atraer a grandes sectores de nuestra sociedad para que ingresaran al
ámbito universitario, por un breve período, para ordenar conocimientos o
para empezar el aprendizaje de alguna disciplina filosófica, científica,
artística, literaria o técnica" (Muñoz, 1990: 7).
1958
Organiza y preside el "Primer Encuentro Nacional de Escritores", en el
marco de la IV Escuela Internacional de Verano de la Universidad de
Concepción, bajo la rectoría de D. David Stitchken. Convoca a escritores
que podían revelar la situación media de las letras chilenas. La mayoría
pertenecía a las generaciones del 38 y del 50. En julio se realiza el
mismo llamado, ahora en Chillán. "Pensé que era bueno, siempre con la
necesidad de ventilar y más ventilar, retomar algunas claves
fundamentales en nuestro Chile de siglo XIX. Pensé en la promoción del
42, pensé en Lastarria, Bilbao, Bello, Sarmiento, y se me ocurrió que
era bueno no sólo ir a un diálogo del pensamiento poético literario
total" (Zerán: 27). "Las faenas en que me empeñaba tenían una dimensión
también poéticas. Y esas faenas respondían un poco a este proyecto mío
constante, que es igualmente de otros: vivir como poeta, asumir la vida
como poesía" (Jiménez, Giordano:101). Ese mismo año obtiene por concurso
la Beca de UNESCO para escritores. En septiembre, haciendo uso de ella,
se embarca en Buenos Aires rumbo a Le Havre. Lo acompaña Rodrigo Tomás.
Se instala en París y recorre muchas de las capitales europeas. Ha
declarado que esa permanencia parisina fue que vio más claro "en el
hondón surrealista genuino".
1959
En marzo es visitado en el edificio de la UNESCO en París por quien
había sido su alumna en la Universidad de Concepción y que se
convertirá, al cabo de unos años, en su compañera definitiva, Hilda
Ortiz. En el poema "Los amantes", de 1964, publicado en Contra la
muerte, el poeta hace mención a ese encuentro parisino. En abril viaja a
China Popular por -invitación oficial conseguida por el pintor chileno
José Venturelli, residente en Pekín. La Unión de Escritores Chinos le
prepara una gira por diez ciudades importantes. Dialoga, por dos horas,
en la noche del 26 de abril con Mao Tse-Tung, más de literatura que de
política.
1960
Enero: en el marco de la VI Escuela Internacional de Verano de la
Universidad de Concepción, organiza y preside el "Primer Encuentro de
Escritores Americanos". Los planteamientos mayores fueron: 1) la
rebelión hispanoamericana contra el superregionalismo; 2) la validez de
la función social de la expresión literaria; 3) las relaciones entre
literatura y vida en el proceso americano. Entre los asistentes
figuraban: Allen Ginsberg, Laurence Ferlinghetti, Margarita Aguirre,
Enrique Anderson Imbert, Jorge Zalamea, Ernesto Sábato, Julián García
Terrés, Joaquín Gutiérrez, Carlos Martínez Moreno, Gufflermo Sánchez,
Sebastián Salazar Bondy, Fernando Alegría, Miguel Arteche, Nicanor
Parra, Julio Barrenechea, Luis Oyarzún, Volodia Teitelboim. "No
pretendemos imponer a nadie nuestro punto de vista -pero mucho,
muchísimo de lo que leemos hoy y hemos leído antes, en nuestros
escritores del continente, nos induce a pensar que, en la forja de una
tradición genuina, la literatura debe ser considerada, hasta nueva orden
más que como producto cultural o fenómeno artístico, como un instrumento
de construcción en Nuestra América" (Discurso de la sesión inaugural del
Encuentro, publicado en el número 380-381 de Atenea, dedicado todo él al
acontecimiento). En diciembre, a pesar del desastroso terremoto que
asoló a las instalaciones de la Universidad de Concepción, se pone en
marcha el primer "Taller de Escritores", idea que había germinado en el
Encuentro de 1958. Lo dirigió F. Alegría y los asesores literarios
fueron, además de Gonzalo Rojas, Braulio Arenas, Alfredo Lefebvre, Juan
Loveluck.
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OBRA
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. "La miseria del hombre" (1948)
. "Contra la muerte" (1964)
. "Oscuro" (1977)
. "Transtierro" (1979)
. "Del relámpago" (1981)
. "50 poemas" (1982)
. "El alumbrado" (1986)
. "Antología personal" (1988)
. "Materia de testamento" (1988)
. "Antología de aire" (1991)
. "Desocupado lector" (1990)
. "Las hermosas" (1991)
. "Zumbido" (1991)
. "Río turbio" (1996)
. "América es la casa y otros poemas" (1998)
. "Obra selecta" (1999)
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POEMAS

El caos
Víctima del desorden que impide el desarrollo de mi mundo,
no me lamento de esto ni lo otro.
Sufro, velo y trabajo
como si cada noche tuviera que morirme,
porque debo ganarme la vida para siempre.
En vano me quisiera pasar entre los pechos y las blancas rodillas
descubriendo un tesoro,
sepultado en el blando sopor del desenfreno,
y en vano me aturdiera en el festín
de tanta carne humana.
En vano fuera rey, y en vano fuera Dios,
porque siempre hallaría debajo de mi almohada,
como un aviso de que ya estoy muerto,
un gran charco de sangre.
Ese charco es la sangre de mi madre, mi origen,
que me dice: -¿Qué has hecho con mi sangre?
¿Por qué la has enterrado debajo del placer?
¿Por qué no te la bebes para que te conviertas
a la fiel realidad? ¿Por qué no eres un hombre
tanto en el entusiasmó como en el sacrificio?
-Oh sangre
que me acosas
hasta en mi propio sueño:
tú sola me despiertas con tu aullido.
Tú sola me revelas el abismo en que apoyo
mi cabeza. Tú sola me libras de caer
víctima del desorden que impide el desarrollo de mi mundo en el mundo.
El desorden empieza donde termina el fuego,
y donde empieza el humo,
más allá de las negras cortinas que preservan el inmundo espectáculo,
bajo la ceremonia que agacha la cabeza, bajo el viento litúrgico
del órgano que sopla convirtiendo en arcángeles los vapores espesos;
donde empieza el disfraz, la peste, la piedad
de las leyes humanas y divinas,
en el comercio, en la traición, allí
donde la muerte mete su mano corruptora.
De La miseria del hombre, 1948

Retrato de la niebla
I
No hay un viento tan orgulloso de su vuelo
como esta neblina volátil
que ahora está cerrando las piedras de la costa,
para que ni las piedras oigan latir su lágrima encerrada.
Oh garganta: libérate en goteantes estrellas:
echa a correr tus llaves a través de los huesos.
Que ruede un sol salado por la costa del día,
por las mejillas de las rocas.
Aparezcan las hebras del sollozo afilado en la espuma.
Niebla: posa tus plumas en la visión vacía
hasta donde las alas físicas de la muerte
abran la tempestad.
Sonámbula, apacienta tus ovejas sin ojos.
Famélica, devora la esencia y la presencia.
Oh peste blanca recostada en la marea.
Oh ánima del suicidio: ¿Quién no ama tus cabellos
perezosos y, al verte, ¿quién no mira su origen?
Neblina de lo idéntico: yo soy eso que soy,
y estoy como un carbón condenado a dormir en mi roca.
Me desvela el espectro de la revelación
debajo de esta blanca telaraña marítima
tejida por la historia de la luz cenicienta:
espina que me impide respirar
debajo de mi lengua.
II
Oh llaga, no sabía
dónde empezaba yo, dónde la tierra.
Me entregaba a mis cielos de niño.
Respiraba en los libros los rosales del mundo.
Me moría de estar con el sol de mi madre en el huerto divino.
Oh lengua,
no sabía
que las rosas son formas del orgullo,
y son sangre viciosa.
Que yo era un animal puro como un cuchillo,
y rajé mi ilusión de un hondo tajo,
y me extasió la hondura
de los cuerpos del vicio.
Oh lengua, navegué bajo de la neblina.
Lo vi todo, bajé las escaleras
del crimen. Liberé fiera cautiva
-la imagen misma de mi fría cólera-,
y la senté al festín de los sacrificados,
y me encerré en la niebla
para verlo
todo.
Oh lengua:
te diría
lo que mis ojos vieron en el éxtasis,
en lo más alto de ese viento frío,
tan lejos de la niebla como próximo al fuego.
Oh lengua: te diría
toda mi vida allí con el sol en mi cuerpo,
en lo más puro de la roca helada,
con un desierto al pie de mi castillo,
con una simple línea bajo mi alma,
como tú, con un número detrás de tu apariencia,
inscrito por el filo del misterio.
Oh lengua: estoy aquí para decirte
-después de mucho ver y errar a solas
por el país lejano del castigo-,
que hoy piso ya mi línea muy amada,
que he tocado las costas de esta línea
nublada por la niebla,
y estoy tocando tierra, y sangre, y esqueleto,
y el vientre de esta línea donde has llorado tú,
con una espina adentro de tu llanto.
De La miseria del hombre, 1948

Salmo real
Realidad: líbrame
de los pájaros declamados en tu nombre.
Bástame con mis órganos
para poseerte desnuda,
en tu esencia de lodo quemante.
Dormía mi volcán
copiado por el lago del olvido
cuando la tempestad
rompió mi cráter con su arado,
y estalló la semilla de la acción en mi estrella.
Antaño me doblaba
en labrador y trigo, y tenía dos manos
enemigas, y dos ojos feroces.
Hoy duermo y velo, al mismo
tiempo que tú eres, Realidad, mi sangre.
Tú repartes tu rostro, Realidad,
para que todos se vean en él.
Oh si todos los hombres te supieran mirar
sin malicia y temor
tú estarías en ellos como hoy estás en mí.
Te nombro, oh Realidad,
y renace en tu nombre lo profundo
del abismo del Génesis,
como un pájaro
de la corteza de mis secos labios.
Realidad: líbrame
de la entraña roída de mi madre,
y de su espíritu,
pues mataré a mis hijas
para hallar el origen de su pérdida.
Seré bueno. Diré
la verdad sustancial a la justicia.
Me bañaré en el mar,
y seré puro
árbol que da su sombra a los pastores.
Quiero poner
en orden este fuego en que he nacido.
Oh Realidad:
dame tu sal
para enfriarme en ti cual hondo río.
De La miseria del hombre, 1948

El condenado
Aprovecho mi tiempo descifrando las manchas
de la pared, visión de abortada pintura:
bocas que ven, narices que muerden, sensaciones
vivas bajo la cal, llagas abiertas.
¿Soy yo mismo estampado en este muro,
con mis grandes heridas,
con mis grandes pasiones partidas de alto a bajo,
mis arrugas, mis costras?
Reconozco mis labios en esos agujeros
por donde entran y salen las arañas.
Reconozco mis grandes defectos reunidos
en un solo sepulcro.
Allí están mis errores: mi olfato sin perfume,
mis ojos como huecos, y mis orejas sordas.
Si no hubiera nacido, no sería culpable,
ni me viera en el muro.
¿Soy un hombre clavado en estos metros
de madera y estuco, amortajado?
¿Mas cómo puedo verme si estoy muerto
debajo de estos signos tumultuosos?
¡Oh movimiento libre de las formas,
vivos monstruos sellados en relación confusa
de color y sabor, y lenguas amputadas
para que hable el misterio!
Cavernas, pensamientos carcomidos,
espejos miserables de la ruina del hombre.
Trinidad de los cielos: aquí el vicio,
y el odio, y el orgullo.
Condenado a pan y agua
por descifrar las manchas de este mundo,
veo correr al hombre desde la madre al polvo,
como asqueroso río de comida caliente
que inunda los jardines, los cementerios, todo,
y arrasa con la vida y con la muerte.
(1943)
Yo no pinto, yo veo en las manchas un cosmos
Yo parto de las manchas. Como la gente ve vacas en
las nubes yo veo mundos en las manchas.
Roberto Matta (1987)
De Antología de aire (Santiago, Fondo de Cultura Económica, 1991)

Tomad vuestro teléfono
Tomad vuestro teléfono
y preguntad por ella cuando estéis desolados,
cuando estéis totalmente perdidos en la calle
con vuestras venas reventadas, sed sinceros,
decidle la verdad muy al oído.
Llamadla al primer número que miréis en el aire
escrito por la mano del sol que os transfigura,
porque ese sol es ella,
ese sol que no habla,
ese sol que os escucha
a lo largo de un hilo que va de estrella a estrella
descifrando la suerte de la razón, llamadla
hasta que oigáis su risa
que os helará la punta
del ánimo, lo mismo que la primera nieve
que hace temblar de gozo la nariz del suicida.
Esa risa lo es todo:
la puerta que se abre, la alcoba que os deslumbra,
los pezones encima del volcán que os abrasa,
las rodillas que guardan el blanco monumento,
los pelos que amenazan invadir esas cumbres,
su boca deseada, sus orejas
de cítara, sus manos,
el calor de sus ojos, lo perverso
de esta visión palpable del lujo y la lujuria:
esa risa lo es todo.
De: "Pompas fúnebres"
En: Antología de aire (Santiago, Fondo de Cultura Económica, 1991)

De la liviandad
Volviendo sobre una línea de Cortázar, las mujeres
cómo recaen. Man Ray
hizo la foto: lomo largo
con todas las vértebras preciosas a la vista y ella cayendo
flexible en el encantamiento, flaca
la pelirroja, lista
para la otra pasarela del placer, los tirantes
por allá, las medias disparadas, y algo más lejos
en la otra punta de la alfombra los dos
zapatos altísimos sin nadie muertos de amor, tristísimos
y viudísimos de ella pidiéndole frenéticos que no,
que su cuerpo blanco no, que no se entregue
a la usurpación, que vuelva
como en el tango, que
no. –Cierren
finas las cortinas.

Pacto con Teillier
1. Lo que pasa con el gran lárico es que nació muerto de sed
y no la ha saciado,
ni aun muriéndose la ha saciado, ni aun yéndose
barranco abajo en Valparaíso este lunes, ni aun así
la ha saciado
dipso y mágico hasta el fin entre los últimos
alerces que nos van quedando, -¡yo
también soy alerce y sé lo que digo!-: lo que nos pasa con este Jorge
Teillier es que ha muerto.
2. Y yo aquí sin nadie, vagamundo sin él, en el carrusel
de la Puerta del Sol, vacío
entre el gentío, errando
por error, andando-llorando
como habrá que llorar hombremente en seco -la pena
araucana al fondo- a un metro
del mentidero de Madrid bajando
por la calle del Arenal a la siga de Quevedo
que algo supo de la peripecia
del perdedor, y algo y algo
de las medulas que han gloriosamente ardido.
3. Ay, polvo enamorado, ya este loco habrá
entrado en la eternidad de su alcohol
que era como su niñez, ya habrá bebido
otra vez sangre de cordero bajo la lluvia
a cántaros de Lautaro que fue su reino de rey
por parición y aparición, ya Lihn
le habrá llenado la copa, ya Esenín
le habrá abierto la puerta alta al gran despiadado
de sí mismo. Aquí le dejo
mi pacto que no firmamos a tiempo, la danza
de Isadora le dejo, el beso,
la risa fresca de Mafalda que no está, la
figura
de lo instantáneo de la que
pende el Mundo.

Me levanto a las
4
Me levanto a las 4 a ver si todavía hay aire, si hay
piedra con aire, por disciplina carcelaria me enderezo en
dos velocidades, por convicción, de un salto
me enderezo, ¿y saben con quién
me encuentro al abrir la calle? Con Magdalena,
con Magdalena es con lo primero que me encuentro
llorando. -¡Entre!, le digo
no esté usted afuera sacrificada. Ya no hay
siete demonios en su cuerpo.
Me
mira, tal vez
me mira, tal vez me compara
con el Otro, se aparta a su cerrazón, pero esta vez
no se trata de una aparición vestida como la veo en ese
estado de gracia que sale casi desnuda
de sus pies sino de la mismísima hebraica
loca y milenario con el pelo suelto bajo
el disfraz de esa gran gata blanca, blanquísima,
perdida en la noche, malherida
de amor.
De Materia de testamento, 1988

Instantánea
El dragón es un animal quimérico, yo soy un dragón
y te amo,
es decir amo tu nariz, la sorpresa
del zafiro de tus ojos,
lo que más amo es el zafiro de tus ojos;
pero lo que con evidencia me muslifica son tus muslos
longilíneos cuyo formato me vuela
sexo y cisne a la vez aclarándome lo perverso
que puede ser la rosa, si hay rosa
en la palpación, seda, olfato
o, más que olfato y seda, traslación
de un sentido a otro, dado lo inabarcable
de la pintura entiéndase
por lo veloz de la tersura
gloriosa y gozosa que hay en ti, de la mariposa,
así pasen los años como sonaba bajo el humo el célebre
piano de marfil en la película; ¿qué fue
de Humphrey Bogart y aquella alta copa nórdica
cuya esbeltez era como una trizadura: qué fue
del vestido blanco?
Décadas de piel. De repente el hombre es décadas de piel, urna
de frenesí y
perdición, y la aorta
de vivir es tristeza,
de repente yo mismo soy tristeza;
entonces es cuando hablo con tus rodillas y me encomiendo
a un vellocino así más durable
que el amaranto, y ahondo en tu amapola con
liturgia y desenfreno,
entonces es cuando ahondo en tu amapola,
y entro en la epifanía de la inmediatez
ventilada por la lozanía, y soy tacto
de ojo, apresúrate, y escribo fósforo si
veo simultáneamente de la nuca al pie
equa y alquimia.

Darío y más Darío
Estrella Ogden acompáñame
como ella a él, enjámbrame
como a Darío las estrellas, piénsame
órfica, acostúmbrame a
ser de aire alrededor de
esos aviones ciegos que van rápido en
lo esdrújulo de New York
a Philadelphia, adivíname
en un Tarot al revés con
Nephertitis sangrando bajo
la hermosura de
la nube que habrá sido la piel
de oírte, la
peligrosa piel
de hoy lunes de Berlín con ángeles,
estés
donde estés, concuérdame
con otra cítara altísima de certeza
cuya hipotenusa sea Dios.
De Materia de testamento, 1988.

Parece que de lo que
muere uno es de maniquí
Parece que de lo que muere uno es de maniquí
asustado en la vidriera, inmóvil
y horizontal con ese descaro
como si uno no fuera el que es bajo los claveles
y los gladiolos de alambre
por lo equívoco de las luces;
extraña sal
parece entonces que se apodera de uno
de las uñas a los párpados, se
crece por resurrección fosfórica.
Circunstancias
adversas impídenme concurrir.
De Materia de testamento, 1988

La risa
Tomad vuestro teléfono
y preguntad por ella cuando estéis desolados,
cuando estéis totalmente perdidos en la calle
con vuestras venas reventadas, sed sinceros,
decidle la verdad muy al oído.
Llamadla al primer número que miréis en el aire
escrito por la mano del sol que os transfigura,
porque ese sol es ella,
ese sol que no habla,
ese sol que os escucha
a lo largo de un hilo que va de estrella a estrella
descifrando la suerte de la razón, llamadla
hasta que oigáis su risa
que os helará la punta
del ánimo, lo mismo que la primera nieve
que hace temblar de gozo la nariz del suicida.
Esa risa lo es todo:
la puerta que se abre, la alcoba que os deslumbra,
los pezones encima del volcán que os abrasa,
las rodillas que guardan el blanco monumento,
los pelos que amenazan invadir esas cumbres,
su boca deseada, sus orejas
de cítara, sus manos,
el calor de sus ojos, lo perverso
de esta visión palpable del lujo y la lujuria:
esa risa lo es todo.
De Oscuro, 1977.

Versículos
A esto vino al mundo el hombre, a combatir
la serpiente que avanza en el silbido
de las cosas, entre el fulgor
y el frenesí, como un polvo centelleante, a besar
por dentro el hueso de la locura, a poner
amor y más amor en la sábana
del huracán, a escribir en la cópula
el relámpago de seguir siendo, a jugar
este juego de respirar en el peligro.
A esto vino al mundo el hombre, a esto la mujer
de su costilla: a usar este traje con usura,
esta piel de lujuria, a comer este fulgor de fragancia
cortos días que caben adentro de unas décadas
en la nebulosa de los milenios, a ponerse
a cada instante la máscara, a inscribirse en el número de los justos
de acuerdo con las leyes de la historia o del arca
de la salvación: a esto vino el hombre.
Hasta que es cortado y arrojado a esto vino, hasta que lo desovan
como a un pescado con el cuchillo, hasta
que el desnacido sin estallar regresa a su átomo
con la humildad de la piedra,
cae entonces,
sigue cayendo nueve meses, sube
ahora de golpe, pasa desde la oruga
de la vejez a otra mariposa
distinta.
De Oscuro, 1977.

Monólogo del fanático
Por mis venas discurre la sangre presurosa del animal inútil
que come cuatro veces al día como un puerco,
que me tutea y me deprime
con su palabra ufana,
testimonio evidente de esa parte de mí
que se muere al nacer, como una nube;
lo blando, lo confuso, lo que siempre está fuera
del peligro, el adorno y el encanto.
No beberé. No comeré otra carne
que la luz del peligro.
No morderé otra boca que la boca del fuego.
No saldré de mi cuerpo si no para morirme.
Ya no respiraré para otra cosa
que para estar despierto noche y día.
1940
De Oscuro, 1977.

La palabra placer
La palabra placer, cómo corría larga y libre por tu cuerpo la palabra
placer
cayendo del destello de tu nuca, fluyendo
blanquísima por lo vertiginoso oloroso de
tu espalda hasta lo nupcial de unas caderas
de cuyo arco pende el Mundo, cómo lo
músico vino a ser marmóreo en la
esplendidez de tus piernas si antes hubo
dos piernas amorosas así considerando
claro el encantamiento de los tobillos que son
goznes que son aire que son
partícipes de los pies de Isadora
Duncan la que bailó en la playa abierta para Serguei
Iesénin, cómo
eras eso y más para mí, la
danza, la contradanza, el gozo
de olerte ahí tendida recostada en tu ámbar contra
el espejo súbito de la Especie cuando te vi
de golpe, ¡con lo lascivo
de mis dedos te vi!, la
arruga errónea, por decirlo, trizada en
lo simultáneo de la serpiente palpándote
áspera del otro lado otra
pero tú misma en la inmediatez de la sábana, anfibia
ahora, vieja
vejez de los párpados abajo, pescado
sin océano ni
nada que nadar, contradicción
siamesa de la figura
de las hermosas desde el
paraíso, sin
nariz entonces rectilínea ni pétalo
por rostro, pordioseros los pezones, más
y más pedregosas las rodillas, las costillas:
-¿Y el parto, Amor,
el tisú epitelial del parto?
De él somos, del
mísero dos partido
en dos somos, del
báratro, corrupción
y lozanía y
clítoris y éxtasis, ángeles
y muslos convulsos: todavía
anda suelto todo, ¿qué
nos iban a enfriar por eso los tigres
desbocados de anoche? Placer
y más placer. Olfato, lo
primero el olfato de la hermosura, alta
y esbelta rosa de sangre a cuya vertiente vine, no
importa el aceite de la locura:
-Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma.
Para Cristina Grau y René de Costa.
De Del relámpago, 1984


Pablo de Rokha
No habrá pellín comparable, hasta la eternidad
no habrá pellín comparable al Macho Anciano que nos dio el fundamento
del instrumento, sin cuyo furor
lúcido no andan los volcanes, no crecen
portentosos en su turquesa los grandes ríos, nadie
pudiera nunca haber llegado al alumbramiento
con desenfado así diciéndole tú
al peligro; nadie
que no fuera él tocado
por el rayo del
no Dios, ninguno que no fuera su coraje para el abordaje
del vaticinio hasta el estremecimiento soplándonos lo que
ni el ojo vio antes ni la oreja oyó, la inmensidad
de la Herida el 58 con todo lo cruel
de su premonición en lava
líquida: La república
asesinada, en ese cuaderno
de tapas negras que él mismo fue voceando con
su vozarrón por los caminos como una auriga encima
de lo destartalado de un carruaje viejo tirado
por cuatro jamelgos yendo y viniendo en la noche
fantasmal por lo polvoriento del polvo; ¡nadie, y
renadie, ni antes ni después, ningún
mortal del aire así tan entero, tan
pellín y hombre, tan unimiento
primordial como nuestro padre violento!
Se nace rokhiano, con amarditamiento y lozanía
se nace rokhiano, sin estridencia, pensando
piedra y dignidad se nace rokhiano comiendo esa pobreza
acomodada que es la pobreza más pobreza
de todas la pobrezas, nadando
mundo, germinando
mujer, hablando
de hombre a hombre con el callamiento, apartado a
la órbita única de ser
sílaba en el Mundo, vertiente. De Rokha
fue vertiente.
Átomo de todos desde el vagido de Los gemidos el
22, mismo al tiempo
que Vallejo el otro apaleado apostó Trilce al
lenguaje lejos
de cuanto aplauso, hasta el velorio de Valladolid 106, desmesura
contra impostura. ¡De él
vinimos! No haya foto de esto. Y nada
de liviandades con el muerto. Si se mató
se mató, nada de Sic transit gloria mundi,
con mortadela o algo así. No amó la gloria.
Desparramó por el suelo el mito
de sus sesos. Latinajo del carajo: -In propria venit
et sui eum non receperunt. Vino a su propia casa
y los suyos no lo recibieron.
De El alumbrado, 1986.
"Mardito" o "amarditao" en la jerga de nuestro pueblo es maldito; pero
no el maldito verlainiano sino el endemoniado por el propio alcohol
estallante de su laberinto.
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Poesía última de Gonzalo Rojas
por Ignacio Valente
La obra poética de Gonzalo Rojas, en forma de variadas antologías, ha
conocido, en los últimos años, un singular éxito editorial en diversos
países de habla castellana. Hoy aparece en Madrid su producción más
reciente, seguida de una nueva y enésima selección de su obra pasada.
Comentaré sólo su creación última.
La introducción del propio autor es interesante. En ese texto, Rojas se
identifica con la generación de 1938, a la que asigna como programa
específico la elaboración de una mayor conciencia crítica del lenguaje,
así como también un proyecto de diálogo con el mundo más coherente y
lúcido, aunque menos creador que aquel de los grandes poetas de la
década del 20: Huidobro, De Rokha, Neruda y la Mistral. Una versión más
amplia del mismo ambicioso programa dice así: "desaldeanizar" a Chile.
Rojas partió militando en el Grupo Mandrágora con Braulio Arenas,
Enrique Gómez-Correa, Teófilo Cid y Jorge Cáceres, pero a poco andar se
apartó de ellos –de las banderas del surrealismo chileno- por achacarles
"afrancesamiento literatoso" y falta de genio. Y en realidad su curso
posterior lo llevó por derroteros muy distintos de la palabra poética:
derroteros vanguardistas pero también afines a la tradición española
clásica del siglo de oro, con algo de Quevedo y mucho de Góngora, me
parece.
Las influencias centrales de las que Rojas tiene conciencia son éstas:
"Vallejo me dio el despojo y desde ahí el descubrimiento del tono;
Huidobro, acaso, el desenfado; Neruda cierto ritmo respiratorio que él,
a su vez, aprendió de Whitman y en Baudelaire (... )
¿Y Borges? El rigor (... ) y el desvelo". Debo decir que este
reconocimiento cuádruple me parece ambiguo: esas influencias se suponen
dichas desde la humildad del que rinde tributo a la maestría de otros,
pero al mismo tiempo son dichas desde la pretensión del que aspira a
haber recibido, por la vía de quien sea, tan memorables dones como el
despojo, el desenfado, el ritmo y el rigor de los maestros. Cosa ésta
que, sin duda ha ocurrido, porque Gonzalo Rojas tiene genio, pero sólo
la posteridad dirá si lo tiene en el grado sugerido por esta ambiciosa
introducción.
Vamos con su poesía nueva, concluida el año pasado en Berlín. Ella
verbaliza un mundo proteico y heraclitiano, donde las identidades son
dinámicas y difusas, y todo se contagia de todo, y el lenguaje atribuye
a cada ser infinitos atributos, de los cuales algunos son consignados
por estos poemas a título de simple ilustración. Así son nada menos que
las piedras del mundo el sujeto de esta fantástica enumeración de
cualidades y ausencia: "Aún las más enormes vuelan de noche en todas
direcciones y no enloquecen,/ son ciegas de nacimiento y ven a Dios,/ su
ventilación es su substancia,/ no han leído a Wittgenstein pero saben
que se equivoca,/ no entierran a sus muertos/ (...) / cumplen setenta
años cada segundo y se ríen de los peces,/ lo de los niños en probeta
las hace bostezar,/ los ejércitos gloriosos les parecen miserables,/
odian los aforismos y el derramamiento,/ son geómetras y en las orejas
llevan aros de platino,/ viven del ocio sagrado". Versos como éstos.
-sugerentes, chisporroteantes- hacen verosímil aquello del desenfado y
del ritmo, aunque no tanto aquello del despojo y del rigor.
Otras veces, el tono de Gonzalo Rojas es más juguetón, más liviano y
próximo a la realidad reconocible. Se nos habla de las adivinas en estos
términos que juegan hábilmente con la constante del reír, a medida que
lo entremezclan con otras acciones: "Además son locas, dejan/ corriendo
el agua y ríen, sangran/ y ríen, se amapolan/ y ríen, cuentan las
sílabas/ de los meses y ríen, bailan/ y ríen, se perfuman, se/
desperfuman y ríen, sollozan/ y ríen, adoran la vitrina". Se observará
el ritmo entrecortado y jadeante que es característico de esta poesía.
"Materia de testamento", por contraste, aunque es el poema que da su
nombre al libro, y contiene un marcado acento borgiano en su
enumeración, no es un texto memorable para mi gusto.
"Playa con andróginos", un poema muy característico de Rojas, es una
incursión en el misterio del sexo, y particularmente en el mito del
andrógino, a la vez varón y hembra, un motivo que se remonta a la
mitología más arcaica de la especie: "A él se le salía la muchacha y a
la muchacha él/ por la piel espontánea, y era poderoso/ ver cuatro en la
figura de estos dos/ que se besaban sobre la arena; vicioso/ era lo
viscoso o al revés; la escena/ iba de la playa a las nubes./ ¿Qué
después/ pasó?; ¿quién/ entró en quién?; ¿hubo sábana/ con la mancha de
ella y él/ fue la presa? O atados a la deidad/ del goce ríen ahí/ no más
su relincho de vivir, la adolescencia/ de su fragancia?"
El enigma del eros indescifrable hace aquí singular combinación con el
sentido de lo numinoso o lo sagrado, y esto muy al margen de toda idea
de Dios, en el plano más primario de una sacralidad que se confunde con
las propias honduras de la materia, aquí con la libido elemental del
universo. En lo formal se observará desde que comienzan las preguntas el
típico ritmo de Gonzalo Rojas, fundado en dos recursos sistemáticos: la
alteración de la sintaxis usual, y el encabalgamiento de la
versificación, es decir, la conclusión del verso en un lugar donde la
pausa no corresponde en forma espontánea, sino que introduce una ruptura
o tensión singular en el ritmo. Toda la obra de Gonzalo Rojas está
atravesada por el uso y abuso de ambos recursos. Digo uso y abuso
porque, por una parte, el poeta ha alcanzado así su más particular y
expresivo ritmo gramatical y sonoro; por otra, la vista y el oído
perciben, aquí y allá, el chirriar de un cierto mecanismo casi
automático en el excesivo prodigarse de estos procedimientos.
Quiero terminar citando un excelente poema, "Sólo de aullido", que
contiene a la vez el misterio del mundo y de la letra en una muy
particular fabulación en torno al aullar del perro: ¿Qué es lo que
leerán los perros en el color/ de este mundo? ¿A Dios/ que los hizo
perros y no hombres? ¿Al abismo/ que leyó San Juan?, o las que ladran
por allá lejos/ de lo alto son las estrellas como está escrito en Van
Gogh/ que no dijo nunca esto? ¿O librescamente hartos será también/ el
hastío su/ histeria?" Hay una singular convergencia de sonido y sentido
en este bien armado artefacto verbal, cuyo misterio, a pesar de todo,
sigue siendo indescifrable hasta la última línea. Es notable la
continuidad de la poesía de Gonzalo Rojas, cuyas constantes son
fácilmente perceptibles desde su temprano "La miseria del hombre" (1948)
hasta su novísimo "Materia de testamento".
en: suplemento "Revista de libros" Nº , Santiago, diario El Mercurio
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